|
El origen de nuestro centro de Lliçá d'Amunt es reciente, pero no así la idea de su realización. Desde 1977 emprendimos una andadura en el campo de la estética. Al principio fue sólo la estética “convencional” y las técnicas que usábamos, también eran las convencionales. Siempre mantuvimos una inquietud por estar al día de las nuevas tendencias y de los avances en productos cosméticos. En los primeros tiempos, combinábamos la estética corporal con la peluquería, dando así un servicio completo a todas nuestras clientas y clientes. La forma personal de realizar el trabajo, fue perfilando con el tiempo un estilo propio que nos iba diferenciando del resto de compañeros en la profesión. Pronto fue necesario ampliar el centro ante la demanda de servicios por nuestros clientes. Ese fue nuestro segundo gran reto a principios de los 80. Con gran ilusión inauguramos otro centro, esta vez con mayor superficie y mejores posibilidades de crecimiento. Con el paso de los años, no solo crecimos como profesionales en el mundo de la estética, sino también como personas, gracias sobre todo, a lo que nuestras propias clientas y clientes nos iban aportando en virtud a nuestro alto grado de implicación. Estamos convencidos de que este es el secreto de nuestro éxito, por un lado la inquietud por estar siempre a la vanguardia de las nuevas tendencias en el campo de la estética, para poder así ofrecer los mejores servicios a nuestras clientas y clientes, y por otro, la dedicación al estudio de los aspectos psicológicos y emocionales, origen de casi todos los problemas. La acumulación de experiencia en estos dos campos, dio paso a otra etapa fundamental en nuestro crecimiento y fue, la docencia. Durante varios años ésta fue una más de las actividades que poco a poco, iban dando “forma” a lo que hoy es ANTAKARANA. Parte de los conocimientos fruto de nuestra experiencia, concretados en forma de cursos y talleres. Ahora, bien entrados en el siglo XXI, iniciamos la tercera andadura creando ANTAKARANA en Lliçá d'Amunt, un lugar del Vallés Oriental cargado de gran energía telúrica, de gran poder de arraigo. Muy cerca de una tradicional zona de balnearios y aguas termales ya conocidas por los antiguos romanos.
|
ANTAKARANA, es un término sánscrito que significa “puente”, el puente que une el mundo físico o mundo de la acción, con ese otro mundo sutil del alma, donde reside nuestra identidad más profunda y trascendente. Cada persona, cada ser humano, debe construir su ANTAKARANA particular, y de hecho, todos lo hacemos de algún modo. Cada cual bajo su propia creencia espiritual, ética o filosófica; no importa el credo ni las ideas de cada uno. Ese puente está ahí, entre nuestra realidad física y nuestra identidad espiritual. La belleza corporal y la buena salud, son la expresión de que toda la energía interna está en equilibrio. Cuando este equilibrio desaparece, nos encontramos deprimidos, faltos de vitalidad. Nuestra piel pierde brillo, nuestros movimientos languidecen y nuestras emociones se desestabilizan. Suele ser el momento en el que aparecen los primeros síntomas de enfermedades. Casi siempre leves, pero en ocasiones, son el preludio de trastornos de cierta gravedad.
|
Hay muchas razones para ello. La principal de todas: el estrés al que estamos sometidos en nuestra vida cotidiana. Vivimos inmersos en un mundo donde “todo es artificial” . Las fibras de nuestros vestidos, los revestimientos de las paredes; el 99% de los objetos que tocamos o ingerimos son hechos de sustancias químicas, la mayoría de las cuales no exentas de productos tóxicos. Lo natural, ahora, es que la relación con nuestros semejantes sea precaria y casi siempre sometida a la presión del “tiempo”, ese “tirano” que nos esclaviza y nos recuerda que, siendo el factor más escaso, es por ello el más preciado. En ANTAKARANA tratamos de hacer del tiempo un aliado, no un enemigo opresor, porque tratamos de DAR una atención personalizada en todos nuestros tratamientos, ofreciendo el espacio horario suficiente para cada caso, porque cada persona es única y su circunstancia es la que debe determinar la forma del tratamiento y el tiempo que éste requiera. El objetivo final siempre será el mismo: compensar los desequilibrios energéticos y conseguir con ello un estado equilibrado que se manifieste en la belleza corporal. |